Cómo trabajo con IA
Uso inteligencia artificial en mi investigación, explorando maneras responsables de incorporarla en la academia, y buscando con colegas orientaciones para mejores prácticas que nos mantengan involucrados y a cargo del proceso investigativo.
Para qué la uso
Para que cada texto reciba más lecturas críticas antes de salir. Diseñé y opero una infraestructura propia en la que varios agentes de IA leen un manuscrito o un plan de análisis y lo revisan de forma independiente, cada uno desde un rol distinto: un revisor metodológico, un lector hostil, un editor que sintetiza. Contrasto sus informes como en una deliberación y registro lo común y lo divergente. La ronda siguiente empieza desde cero, con agentes sin memoria de la anterior, para obtener miradas nuevas.
Qué queda en mis manos
Las preguntas, los datos, el argumento y la escritura. Después de cada ronda decido qué cambia y reescribo; cada cambio queda ligado a la objeción que lo motivó, así que el proceso se puede auditar de punta a punta. La herramienta multiplica las lecturas. No redacta los manuscritos ni decide su contenido.
Cómo sé que funciona
Antes de confiarle una tarea, hago pruebas, mediciones, contrastes y evaluaciones sustantivas con criterio propio: qué funciona, qué no, qué se alinea con mis criterios de buena academia y qué me parece una desviación o un “aplanamiento” genérico que desdibuja la voz propia. Cuando una de esas pruebas forme parte de un protocolo registrado, la publicaré con sus resultados.
Límites
El análisis cualitativo interpretativo es mío; la IA, a lo más, explora codificaciones que después reviso entera. Los datos de participantes no salen a servicios externos. Y declaro el uso de estas herramientas en cada manuscrito, según la política de la revista, la conferencia o el fondo concursable.